Nadie nos enseña a ser perfectos, no nacemos en las condiciones que de adultos soñamos, comenzamos esta vida siendo pequeños seres perfectos y aún perfeccionables, siendo el sueño más grande de otra persona. Recorremos toda nuestra vida siendo el orgullo más grande de alguien más, de otros seres humanos maravillosos, inigualables; a pesar de que somos seres tan evolucionados, a veces no obtenemos la capacidad de reconocer que el tiempo desperdiciado en enojos pudo convertirse en un «te amo papá/mamá», darles un beso y entender que somos capaces de hablar con palabras hermosas y duraderas. Porque ese amor transmitido con palabras, nos acobijará por el resto de nuestras vidas.
No temas en demostrar y quedarte una hora más con quien te apoyó desde antes de ver tu cara, ya te amaba. Siente y expresa todo ese amor, nunca es tarde.
«Un día a la vez»