Unas fuertes pisadas marcan el ritmo de esta canción, suaves palabras siendo murmuradas mientras subes las escaleras, tu mente está recorriendo otro lugar, con el ceño fruncido me volteas a ver estando aún a medio camino, tu mirada se queda fija en mis ojos al tiempo que la luz de la luna apenas ilumina mi rostro. Nos detuvimos un momento, parece que esos 20 centímetros que nos diferencían se anularan por los escalones, levantas ambas manos para experimentar el roce de tus dedos en mi nuca, sin darme oportunidad de cerrar los ojos me besas de manera profunda, mi respiración empieza a agitarse, tus manos no detienen las caricias, la presión que ejercen sobre mí va en un aumento liviano que me permite sentir tu ternura al mismo tiempo que tu apetito.
Por fuera seguimos siendo los mismo, por dentro se volvió otra historia… ¿Cuándo fue el momento que dejamos al descubierto tanto placer?
El ritmo acelerado con el que palpitan nuestros corazones incineran cualquier pensamiento racional que pudiésemos tener, tratas de arrebatarme cada aclamación que pudiera ejercer.
Deseas que todo interés que llegase a tener se vea reflejado en ti, memorizas cada secreto de mi cuerpo, me tienes contra la pared, tomando mis manos por encima de mi cabeza, no permitirás que mi imaginación deambule por otro lado. Apenas alejándote un poco, tu mirada baja lentamente recorriendo todo mi ser mientras te muestras serio y molesto, decides acercarte bruscamente a mi cuello, tan poca es la distancia que nos separa que puedo sentir tu respiración. Sigo mirando al frente, mi nariz percibe perfectamente tu loción, tus manos aprietan fuertemente las mías, procedes a decirme «no te dejaré ir».
Te apartas poco a poco, mis manos se liberan de la tensión, con un simple movimiento de cabeza me indicas que siga subiendo y es ahí donde todo comienza…