Seguros y confiados, esperamos hasta el mañana para hacer las cosas, para aprender, para amar, para prepararnos. La vida no suele darnos tanto tiempo para decir «mañana lo hago», no se logra apreciar el valor del «ahorita». Nos comportamos como si todo estuviera seguro, el siguiente día, las personas, nuestras pertenencias, nosotros.
Sólo una parte de nosotros se vuelve infinita: «el amor». Te puede llevar a trascender fronteras que jamás imaginaste que existirían, es lo único que sin importar en el lugar que te encuentres, llegará. Te mantendrá de pie, calmará de adentro hacia afuera, será la fuerza más grande, importante e imponente; es aquello de donde nace la fuerza imparable que llamamos «pasión».
Gustos tan variados, tan versátiles, tan equilibrados y todo en una misma persona, concentrados en ti para que algún día desbordes esa pasión no sólo en ti. Puedes hacer sonreír a tu igual, a esa(s) persona(s) que estará(n) ahí acompañándote en el camino. Demuestra que por esa sonrisa que te han regalado, sin importar si está justo a lado de ti o en un universo diferente, tu corazón la recibe y la guarda en su infinito hogar dedicado a ese esplendor llamado «amor».