Todo el tiempo he estado pensando en ustedes, en cómo me hubieran iluminado a cada instante, pude brindarles vida y amor, pero ustedes me dieron algo mucho mayor, algo indescriptible, que es más bello que un paraíso o que un oásis.
Me dieron las fuerzas y las herramientas para pensar que la vida es maravillosa en todas sus formas, para poder afrontar los días grises, los días que mi mundo no se tiñe de varios colores, cuando la ausencia de luz se hace presente.
Ustedes son ese motor imparable en mi vida que jamás desaparecerá, porque el amor jamás se termina, no se cansa, no se desvanece, siempre irá más allá de lo comprensible.
Hijos míos, en este día, quiero brindarles más amor que ayer, más comprensión, más alegría y más esperanza de que algún día nos volveremos a ver. He logrado moldear tanto dolor y tristeza en bellas palabras que son para ustedes, mis queridos y amados hijos, hoy su mamá enfrenta la realidad de la vida que le toca, hoy acepta su partida a ese mundo tranquilo y hermoso.
Donde quiera que se encuentren mis hijos, ya sea aquí a mi lado o en otra dimensión, estoy segura que saben que aún me preocupan, si tienen frío, si están llorando o si están felices; porque una cosa es segura, mi amor y calor llega hasta ustedes. No dejaré que hoy me venza el miedo, la tristeza o el dolor, me levantaré una vez más por ustedes, porque no importa lo que haya pasado, seguiré siendo una madre que está orgullosa de ustedes, siempre serán tan perfectos y encantadores como el primer día que los vi.
«Un día a la vez».