Día #1

Poder platicar y externarle al mundo cómo fue que perdí a mis hijos ha sido el trabajo más fuerte y difícil que he tenido. Me pude dar cuenta de que a pesar de que ellos ya partieron, yo seguiré siendo madre el resto de mi vida, pues en mis manos quedó grabada la suavidad de su piel, en mis ojos quedó el color de su piel, su tamaño y cada detalle de su ser, en mi vientre quedaron impregnadas las patadas que daban, mis brazos recordarán su peso al cargarlos, mi nariz podrá perfumar cada uno de esos recuerdos y mi mente podrá divagar las veces que quiera en los hermosos recuerdos desde el momento en que los descubrí hasta cuando se fueron.

Así es como decidí escribir el libro, evocando cada detalle en cada palabra.

Deja un comentario