
Hoy hace un año, ustedes llegaron a mi vida, cambiaron mi manera de ver las cosas, llenaron todo mi ser de amor y dulzura.
Hoy, 23 de septiembre se manifiesta el poder más fuerte e inquebrantable que existe… El amor de una madre.
Todo este año me he estado preguntando si el día en que fallecieron debería también de hacer una conmemoración y llegué a la conclusión de que no quería eso. Yo deseo con todo mi ser aclamar su valentía y su devoción, rendirle tributo a mis héroes y guerreros más valientes; aquellos que me enseñaron lo que significa ser valiente, a ustedes que me abrieron los ojos para educarme sobre el significado de la palabra «amor».
Este día celebro las vidas de mis hijos, celebro su llegada al mundo, celebro su tenacidad, el vigor con el que se aferraron a la vida, en una pelea entre la vida y la muerte y eso como madre, me llena de orgullo, porque puedo decir que mis hijos aún siendo bebés, lucharon más allá para ganar la batalla y creo que aunque su decisión fuese descansar, ellos no perdieron. Demostraron una fuerza y valentía indescriptibles, por eso mis pensamientos se convirtieron en devoción y fe hacia ellos.
Así fue como entendí el papel que yo tenía, que una madre nunca deja a sus hijos y que si ellos deciden irse, uno atrae a quien los va a cuidar en el más allá.
Cuando ellos ya no estaban, yo preparé su altar, les encendí velas, les platiqué de todo lo que pensaba y de cómo me sentía, día tras día, mientras realizaba esta hermosa rutina pude observar cómo mi gato se sentaba a un lado o debajo del altar. Empezó a dormir ahí, ronroneaba y se quedaba quieto, parecía muy tranquilo, comprendí que se había vuelto su lugar favorito.
Poco a poco me fui haciendo a la idea de que él los cuidaba y velaba por ellos, que podía sentirme más tranquila al saber que él los cuida en un lugar que para mi es inalcanzable.
El alebrije que llegó, no fue por casualidad, él eligió proteger sus almas, él será el valiente que ante la adversidad los guiará, será nuestro mensajero, cada noche ronroneará para ustedes, los arrullará y sabrán que mamá está bien.
Los amo mis hijos, Raúl, Carlos, el tributo que les puedo ofrecer es mi amor, palabras y acciones. Gracias por enseñarme a amar sin límites, por cuidarme, por estar conmigo y mostrarme un sueño más grande que cualquiera.
Un día a la vez.