COMPLEMENTO

No me hizo falta esperar al verano, invierno, otoño o primavera para soñar con estar de nuevo junto a ustedes.

Al caminar junto a los árboles, en una tarde nublada con mucho viento siento el tiempo correr deprisa para que anochezca y aún así no me apresuro por saber lo que vendrá, envejecer con la idea de disfrutar cada día como si fuese el último es lo que me regresa a mis años de adolescencia.

Darme cuenta de cómo pasan los años, de cómo todas las experiencias han hablado en mi vida es impresionante, todo quedó en el pesado pero en mis recuerdos sigue tan vivo como si hubiesen transcurrido sólo unas horas.

¿Pueden creerlo? Jamás imaginé llegar a escribir sobre las experiencias que ahora vivo como madre de dos hijos que fallecieron y que en éstos años he aprendido a asimilar su muerte, a que entre más contaba las cosas, más podía tener control de mi misma, más podía ayudar a la gente sin que mis lágrimas inundaran el cuarto.

Cambiaron muchas cosas después de ese día, mi mundo se había quedado sin color, de vez en cuando aparecía una ráfaga de luz y regresaba a mi mundo de dolor. Ahora disfruto los días en los que me encuentro triste.

Creo que fui asertiva al dirigir el dolor, angustia, agonía, pena y sufrimiento en palabras escritas en este blog, en buscar ayuda porque sabía que no podría sola, en refugiarme con apapachos en mi esposo, en dejarme acariciar por mi madre y mi hermana.

Aunque la historia no acabó ahí, pues ingresé una vez más al hospital, me detuve a ver la vida como un reto y amor inmenso a mi persona.

He de decirte querido lector que ahora mi profesión cambió, estoy dedicándome a lo que descubrí que me apasiona a pesar de que muchos me aconsejaban trabajar de la manera tradicional, pero después de perder a mis dos únicos hijos, ninguna de esas opiniones me importaba, y no fue por rebeldía o por llevar la contraria, más bien fue porque quise cumplir la promesa más importante de mi vida.

Cuando estuve en el lecho de muerte de cada uno de mis hijos, con lágrimas en los ojos y con el corazón en la mano, les pude decir:

Quiero que sepan que el amor de mamá es más grande que cualquier distancia en el universo, que jamás se extinguirá, así pasen los siglos y mi ser se convierta en polvo, esa energía es infinita, por lo que los protegerá más allá de mi vida. Es lo único que está en mi poder que pueda hacer por ustedes, sé que si decidieron decir «ya basta» ante el dolor, es porque se cansaron y es justo que lo hicieran, era su decisión, de nadie más y su papá y yo respetamos eso, no los queremos mantener atados por nuestro egoísmo porque eso significa amar.

De ahora en adelante, prometo cuidarme, prometo estar bien, no significa que no lloraré, que no sentiré dolor, pero aceptaré ayuda para no caer en depresión, haré lo que esté en mis manos por estar bien por y para ustedes, porque se convirtieron en mi mundo, en mi universo entero.

Y así, con un beso en la frente, me despedí.

Creo firmemente en lo que dije y creo que las cosas han resultado bien, han ido mejorando poco a poco, aún no soy capaz de ver a una mamá con su hijo en brazos sin sentir un nudo en la garganta, soy capaz de pensar en la adopción pero me aterra hacerlo; sin embargo, sé que no hay necesidad de apresurarse.

La confesión que les hice ese día me dejó en claro que mi alma gemela estaba repartida en dos y que el lazo que nos une es inconmensurable. Ese lazo sé que logra muchas cosas, pues no terminaría de contarte los sueños que he tenido sobre mis hijos, las cosas que mi gato hace alrededor de su altar y la prueba más grande que existe de que nuestro amor nos sigue protegiendo es que a pesar de todo, el universo me apoya en el proyecto de vida que he elegido y sé que eso no es coincidencia, no es sólo porque sí. No te puedo decir que es equiparable a tenerlos a ellos, jamás pasará eso, porque ellos siempre serán mi otra mitad.

En las noches siempre me quedo pensando en cómo sería que estuviesen a mi lado abrazándome o diciéndome «mamá» cincuenta mil veces al día, pero eso no quiere decir que no disfrute de lo que me está sucediendo.

Jamás encontraré el «por qué» de lo que ha pasado porque mi entendimiento no llega a tanto como para dar una razón lógica y aceptable sobre esto, simplemente jamás lo comprenderé.

Por último quería pedirte una opinión, muchas veces he pensado en publicar un video acerca de lo que pasó, no sé si sea buena idea, agradecería mucho que me dieras tu opinión y que si es posible de igual manera me comentaras cómo te imaginas que soy, físicamente y como persona.

Gracias por leer hasta el final.

Un día a la vez.

Deja un comentario